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Poemas

 
Balada del nido allanado en tres actos
Y sin embargo amamos hasta la sed
 
                              Roque Dalton

I

Tiendo el oscuro
brillo de tus ojos
que me recuerda
a celda húmeda.
Mi corazón allanado
inútilmente
amputa cada onda
que abreva en mi sangre
y vengo al otro lado del viento
para tratar de no ver
cómo insomnias
los pájaros de mi almohada.

II

Tiendo el nido
de espaldas
pero nace irremediablemente
pidiendo más agua.
Mi calendario suspira
al ver zozobrar el día
de la succión hermosa
mientras pregunta
al humo descorazonado
cómo puede incendiar
el espacio que habitas
en mis cejas.


¿Porqué la boca es tan blanda?

III

Tiendo mi boca,
mis párpados, mi vientre
para cultivar
montañas vitrales
algodonar nuevos labios
y encanecer
luz de poros
para que me declaren extinta
de nubes y pétalos
y me llenen de barro azul
para seguir viviendo.

 
El solsticio no existe
 

El solsticio no existe
pues tengo la llave
de tardes glucosas
donde la marea sube
por los escalones tapados
por cortinas que se ven
y me quedo pensando
en esas otras tardes
cuando los ojos no están
pero llaman de lejos
a la puerta entornada
para que se abra más
sin necesidad
del empujón que pida
perdón
me parece
que tras la invitación
hay un adiós de temor
por no encontrarme lejos
leyendo cartas
de abrazos de otoño
llorando de rabia
porque la boca tiembla
y se le olvida la voz
pero la puerta llama
quejándose
por aquel que no quiere pasar
mas da un paso al frente.

 

Punto final
 

Cubierta de laurel
me zambullo en las sábanas
sufriendo la fiebre
(con Lucho cantándome al oído)
y me lanzo a la calle
para no ver la traición
de la nieve envuelta de mentiras
que se burlan de mi existencia
de mi sangre negra
que llevo resplandeciente
como peto en mi pecho
agujereado de despecho
y rompo el papel
para no dejar huellas
de mi perdón
y vuelvo a creer en el jamás
tendrás oportunidad
de blanquear tu inocencia
pues destetada de emoción
acepto borrar los lazos
para así no sufrirte más
en las yemas de mis dedos.

 

Canto a Aimé Césaire
 
Porque el flamboyán
me recuerda
que la miel borbotea
sobre mi cabeza
blanca de miradas
y que los ojos
son labios de hibisco
dulcificadores
de noches consteladas

llenas de follajes
que aprietan
el cuello más luz,
para agujerear
las espinas más fantasmas
y estrechar
mariposas crucificadas
que no insisten en ennegrecer
huesos inertes
lamidos por la aparición
hirviente
de las estrías sofocadas
de un corazón reventado.

 

Brumosa noche arbórea encerrada tras la lluvia indolente
que no me hace caso
 

Mi casa
me come la piel poco a poco.
Me arropa en sus patas de araña
y no me deja mojarme en la lluvia.

Me agarra los pies tenazmente
y me siembra estrías
para sujetarme del techo
sin salir volando
a la copa del helecho.

Mi casa
es tan limpia
que me da náuseas.
Esta antigüedad de embuste,
luz vieja sin mecha,
tumba soterrada, milenaria,
acabada, destrozada.

Y yo, en mi propio templo cavernoso
suspiro por la selva
(pero mi casa no me deja).

Volado pájaro gris ven despacio
para aserrar las raíces
que siempre tapizan mi suelo.
Y yo, por más que me busco
en el espejo
no me encuentro.

Ascendiendo ensogada grito.

 

Letanía


Este cuchillo de jaspe
esta tortura quemada
este grillo escondido
en la mueca del delirio.

Este silencio agazapado
este caballo encabritado
este rito milenario
lleno de morbosa queja.

Esta arpa de bohemia
esta estrangulación eterna
este miedo desalmado
ante arrecifes de recuerdos.

Este paisaje de lobo
este cuidado de ángel
esta espiral encendida
en escalera hueca.

Esta campana desierta
estas antorchas vivas
este papel ya marchito
oriente tinta en vilo.

Este mortífero deseo de vuelo.

 

Mi ombligo
 

Tengo un pozo
en la mitad de mi cuerpo
de leche sabrosa y caliente;
remolino que succiona
mi origen de sangre
palpitante en mi vientre.

Tú sabes.
Lo has llenado a reboso,
en una primicia espontánea
y sorprendente.
En él me has dejado ver
tus líquidos en volcánico
ascenso descendente,
mientras yo,

reía a carcajadas.

 

ISLAS

 

Canción popular

Quédate
en mi rinconcito de azulejos
donde el pulso ruega
por la mies
y los dardos salados.

El amor es extraño y descontrolado.

 

Un poema de amor que es canción desesperada

Puedo escribir los versos más tristes este día.
Escribir por ejemplo:
El no me llama
y tiritan de rabia
mis labios a lo lejos.

 

Piel

Piel desprendida
en caballos de mar
que navegan
por cojines rojos
y besan cada lunar tierno
ocultado tras las cortinas
de abrazos golosos
y sonrisas mojadas
temerosa de incrustarse
en una huella
lacerada
al aferrarse
al eterno juego del filo.

 

*

 

Hoy,
sintiéndome de luna,
me dispongo a esconderme
en el pequeño rincón
de domingos
y ataviada de neblina
cuento los pétalos del tiempo.

 

Y empecemos de nuevo 

Si vas a morder estrellas
tienes que navegar
cada erizo flotante
y disolverlo
en las ranuras del olvido
para empezar sin grillos
a caminar
por una nueva calzada.

 

 

Sueño

Brisa tenue
rememora
tu boca tibia
y suave
y esta tristeza
honda y humana
golpea cada ola
de sargazo
para encontrarte
sumergido
en mis brazos de otoño
latente y despierto
buscando el calor primitivo
y audaz
y coloreo cada espectro
del prisma de mi memoria
donde piel sobre piel
adquiere tonalidades
de chelo
música barroca
en cada resquicio de mi puerta
entreabierta
porque sólo tú llenas su espacio
de verbo, incienso y mirra
sacristán del enigma solitario
donde sólo tú bebes ambrosía
en un paraíso de ninfas y faunos
con cuervos traviesos y perversos
golpeando la cueva de Fingal
llena de musgo y sal
perpetuo ante tu tacto
caliente, delicado y persistente
pues un año no se va a la deriva
de un espacio
y la ausencia duele en la esencia
como escalpelo en la conciencia
y no vale la sensatez de preceptos
si esta tristeza
honda y humana
no quita su velo invernal
de lo más central de mi cuerpo
roto
como porcelana hermosa
y sin vida
porque sólo tú logras retroceder
el proceso natural del hielo
y llenar de hebras de luz
un fino hilo en el vacío
en adagio constante
donde para la condena solitaria de mi vida,
liberación de Sísifo,
tú eres el único verdugo.

 

Desasosiego

es un ángel pordiosero de lluvia
girando en la órbita de mis ojos
hipnotiza con su melodía ausente
este oasis de flauta
dueño de los peldaños de tantos versos
y ya no vuelan los murciélagos
o los ruiseñores
en este empeñadero fugaz
donde se trasquilan olas
horizonte velado, vedado
y por eso huelga decir despacio
¿será el imponente dolor de las sombras?
Pero hoy no distingo las siluetas
en esta turba incesante de planetas
no sé este aguacero de repente
de embriagados capullos
velero dormido en enebro de soles
este inmenso vacío entre mis manos
alba acariciante de rayos
libres en el estupor de nieve
sinuoso llanto acaracolado de sal
donde toca inmóvil, en la distancia
tenebroso oleaje de abismos
ancla indefinida en la espesura.

 

 

Cuelgo mi arpa en un sauce,
                             al fin rendido.

                                                Ecce Homo
                                                          
José Santos Chocano

Es que no entiendes
este aguacero de invierno
que no puedo remediar,

esta postrimería de dique desaguado,
este campo trillado de señuelos
donde ya no existen
delfines,
ni cayos,
ni faros;
sólo esqueletos verdes.

¿Será el espacio imaginado
entre tu ceja y mi hastío?

Perdona
estas manos marchitas
que no lactan más levadura
y esta luna menguante
que no tiene gotas por verter.

Un guiño fue mi vida
en tus entrañas
y un cansancio inmortal
de universo.

Hueco
es el delirio
de la despedida.

 

Seudo-soneto

Calla, aun el silencio no perdona
esta voz apagada de espera,
que nos es inútil, pues por sabida
traiciona la esperanza deshecha.

Mira, la búsqueda callada y ansiosa,
el deseo más allá de la presencia,
un sortilegio de brumas y nubes,
aparición ardiente en ausencia.

Siente, este llamado inconcluso,
este miedo al borde de las venas,
clara señal, el filo del delirio

que apasiona esta piel golosa
en un acecho constante felino
suave, descalza, en luz y en sombra.

 

*

 

¿Dónde me huyo
en este día de silencio de arenas,
yo
hija del sol,
embrión del helecho
y del yagrumo?

Pues no olvides
que un regalo se deshoja
en la marea de la vida
y yo,
fantasma de invierno alado,
silencio de luz
en tus ojos,
redoblo el tañido
de este destino penitente
de lo que no se puede
cambiar.

 

Mi héroe en celulosa

De repente apareciste,
tras una nota sorda,
tras un estruendo sinfónico.

Surgiste por primera vez
ante mis ojos,
magnánimo, magnético, magnífico.
Tus ojos horadaron la pantalla
hasta mi silla
y yo
quedé prendada de un hilo
que tu manejabas a tu antojo.

Me zarandeaste, me golpeaste,
me besaste y abrazaste.
Intocable.  Eso eres.

Mi sueño en celulosa.

 

Primer canto
                
A Marcus

Porque en un destierro nevado te conocí,
aleteo de selvas y baile,
temblor de posibilidad
y tranquilidad.


Porque
llenaste mi estanque de
sueños
y borraste la soledad,
alma perdida en el océano.

He resurgido de las cenizas,
ave fénix volando alto
contigo.